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La despedida

*¿Dónde andabas? - ¿Yo? En ninguna parte, sólo estaba ahí en el jardín fumándome un cigarro, pensando e imaginando tonterías. *Pero eso es lo que hacés todo el tiempo ¿no te aburrís? -Es imposible aburrirse si todo el tiempo estoy pensando algo diferente, ¿querés que te cuente lo que estaba pensando hoy? *Dale, tal vez se me contagia lo relajado -Mirá,   es que desde hace varios días me puse a pensar que no soy el mismo que hace un año, sufrí demasiados cambios y eso me hace darme cuenta que es momento de algo más, de caminar en otra dirección; nada en la vida me causa más fobia que la costumbre y la comodidad; tengo muchos sueños y a veces siento que no todos llegarán a cumplirse. -Pero, ¿por qué llorás? Si te estoy contando algo sencillo. *Es que no te imaginás todo lo que he pasado en estos meses, es como si fueras otro, como si no tuviera nada en común con vos, como si fueras un desconocido: quizás estaba acostumbrado a resolverte la vida...

Viendo las risas pasar.

Esta es la historia de una mujer cuyo nombre ignoro por completo, pero que me dio una de las mejores lecciones de mi vida. Era domingo por la noche, y yo me encontraba en un lugar cuyo nombre no haré público por respeto a algunas personas; había frente a mí una pareja sosteniendo lo que parecía una pelea de alto calibre. Ella, con los ojos llenos de lagrimas le expresaba a él lo inconforme que se sentía desde hace algún tiempo con lo que ellos tenían y él mantenía una mirada de niño regañado perdido en la boca (de ella) y por momentos sonriendo a causa de los nervios que invadían cada centímetro de su ser. Yo trataba de disimular mi intromisión pero me resultaba casi imposible pues estaba totalmente identificada con el carácter de esta mujer que en el momento estaba descontrolada. “Es que vos no entendés lo que significa para mí tener que dar mi brazo a torcer en ocasiones como esta siento que en ningún momento cuenta lo que yo quiero decirte; sé perfectamente que vos querés que c...

Como quien quiere ser feliz.

- ¿Vos te acordás de aquel parque al que íbamos cuando éramos niños? *¿En el que vos te caíste y me culpaste a mí? ¿Cómo olvidarlo? Si por tu culpa me castigaron y no me dejaron salir ese fin de semana con mis amigos a jugar. -Deja los resentimientos, es que te pregunto porque quiero contarte algo que me pasó, no sé si es mi imaginación, pero creo que hoy conocí a un ser mitológico. No me hagas esos  ojos, tenés que escuchar esto, y vas a ver que tengo razón. * A ver, contáme hermanita… ¿Con que conociste a una sirena o a un unicornio? -Sos tonto, te quiero contar porque me enamoré, creo que a primera vista o no sé si a segunda, o a tercera… NO SE *No seas dramática, te escucho, sólo quería enojarte. -Es que mira, yo hoy en la mañana salí a caminar porque me sentía sofocada de estar acá en la casa, y me acordé de ese parque, quise ir a buscar a una anciana que acostumbraba estar sentada allí bordando noche y día. Llegué y resulta que no estaba ella, pero me senté en ...

¿Te acordás de aquel noviembre?

Recuerdo perfectamente el olor de aquellas rosas, esas que adornaban el jardín por donde habíamos dispuesto caminar vos y yo (porque éramos dos y a veces uno) y nunca voy a olvidar que mis ojos se abrieron del tamaño de una pelota de golf cuando te escuché pronunciar: "te amo, porque vos sos mía, porque siempre estás conmigo y sé que nunca te vas a ir." Entonces, aunque vos no te lo creás, en ese momento quise salir corriendo de allí, y no volver a verte nunca más, porque mil preguntas atacaban mi mente; no tenía ni la menor idea de lo que había hecho mal, de ese error trágico del que me había percatado en ese instante. Es decir, ¿quién te había dicho a vos que yo era una pertenencia tuya?,   ¿quién te había dado tanta seguridad de yo iba a estar allí con vos?, ¿quién te dijo esa tontería de que yo nunca me iba a poder ir? ¿Tanta magia salía de mis ojos cuando te veía? Es que no me parecía lógico, no encontraba una razón para todo esto que acontecía con nosotros (por...

Perdón... no soy buena para vos.

Vos y ella sabían perfectamente que no estaban solos, habían llegado a olvidar que alrededor de sus esqueletos andantes, se encontraba una multitud que controlaba sus movimientos. " Querida, ¿ y vos sabés que cuando te veo, hay fuegos artificiales?" le dijiste vos a ella, porque según me lo habías dicho ella era todo lo que no habías estado esperando pero extrañamente, te volvió loco en cuestión de cinco segundos. Pero ella, un ser lleno de misterios (casi como un nuevo planeta lleno de vida) te respondió: " ¿Cómo esperás que yo crea tus boberías de niño enamorado? Si yo no estoy para cuentos de amor, yo lo que quiero, es encontrar un compañero de viaje, que me regale libros, no zapatos ni lencería. Porque ya muchos antes de vos, me han querido seducir así; y la verdad, es que me canso y los dejo ahí con el corazón roto, y sin ningún tipo de remordimiento, doy media vuelta y sigo mi camino. Vos sos un buen hombre, o eso parecés; pero, no sé si seas un buen com...

Ya no lloro

Eras de otro planeta, estaba segura de eso; no había pasado ni un segundo cuando te regalé la primera sonrisa (y eso no era normal en mí); solía ser, en una vida anterior, alguien que hacía daño, que jugaba, que tenía alas sólo para abandonar lo que comenzaba a asustarme. Me asustaste, conquistaste mis emociones, eras dueño de las sonrisas, de los enojos y de los suspiros; definitivamente eras de otro planeta, porque en ningún momento tuve la intención de abandonarte, me quedé ahí algunos días, viendo tus ojos, aprendiendo a ser frágil, teniendo miedo, soñando; y sobre todo, existiendo a tu lado. Pasaron los inviernos y los veranos (perdí la cuenta de cuántos fueron) y creo que nada de lo que pasaba era normal para mí; había involucrado de todo un poco, había hecho una costumbre dejarte conocer mi lado débil, habías estado ahí en la claridad y en lo oscuro. Me seguías asustando porque te ganabas los "nunca" que había escrito en piedra; te ganabas hasta lo que yo no conocía d...

¡Se lo prometiste!

Le dijiste que te morías por verla, ella sonrió al leer eso de ti; no dudó ni un solo segundo en contarle a su mejor amiga lo que había pasado, con la inocente ilusión de que compartiéndolo con alguien te ataría a actuar como un caballero (quizás dudaba en el fondo). Se tardó en responder, porque no quería parecer desesperada; pero, en ese tiempo revisó su armario entero y probó cinco peinados diferentes para verse guapa, si, para ti. A las tres de la tarde con cincuenta y cinco minutos ( tres horas después de que le escribiste), te respondió aparentemente fría, siguiendo consejos de todas las amigas a las que les había contado de tu aparición misteriosa; a lo mejor su indiferencia te provocó mayor interés en verla, y no tardaste ni diez minutos en proponerle que se encontraran en aquel mismo café, donde un día viéndola a los ojos le dijiste que su risa era tu melodía favorita, ese mismo café en el que robaste de su boca un beso y miles de sonrisas; ella, volvió a tardarse en darte u...