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Vos podés...

Vos podés levantarte mañana por la mañana y sentir que no querés seguir en el mismo lugar, podes tomar una ducha de cinco minutos o de dos horas, podes tratar de decidir qué te pondrás, mientras suena tu canción favorita y perdés el control, podés maquillarte de una manera impecable o decidir que tus ojeras son el accesorio perfecto.

Podés tomarte un café o una cerveza por la mañana; y también, podés elegir qué mensajes vas a contestar y cuáles borrarás sin leer, podés salir de tu casa con una sonrisa o con la cara larga, si tenés ganas de irte caminando a tu trabajo, no hay ningún problema; puede ser que los audífonos sean tu escape de la realidad o que te sobren ganas de hablar con tus compañeros del trabajo.

Cuando decidiste que no querías seguir en el mismo lugar, es porque te diste cuenta que tenés el poder de irte, de meter tus cosas en una maleta y comprar un boleto de avión, podés conocer una ciudad y sonreirle a un tipo guapo en la calle. Al llegar al hotel, podés arreglarte …

Olvidar ausencias

Cincuenta años atrás conocí una mujer que medía un poco más de un metro y todos los días al salir de camino al trabajo la veía en la estación del tren, siempre arreglada y sus mejillas rojas como la cereza, la boca perfectamente delineada; pero la mirada, esa siempre triste, siempre perdida, siempre desolada, siempre extrañando; quien sabe cómo pudo llegar a sufrir tanto, o a lo mejor ni siquiera sufría por estar pensando en todo aquello que le hacía falta.

Era un ser que despertaba tantos textos, canciones, poemas y vaya saber cuántos misterios más, pero un martes yo perdí el miedo de acercarme a ella, pues había escuchado que esa mujercita podía matar con la mirada y que ya varias decenas de seres humanos habían sido alcanzados por su rabia. 
Me acerqué y le pregunté: ¿Puedo sentarme junto a usted?
Y ella respondió: Pues si no te da miedo, querido, he notado que llevás más de treinta minutos viéndome y no es la primera vez que estás acá, ¿qué querés saber?

Me congelé porque creí que des…

La despedida

Viendo las risas pasar.

Esta es la historia de una mujer cuyo nombre ignoro por completo, pero que me dio una de las mejores lecciones de mi vida. Era domingo por la noche, y yo me encontraba en un lugar cuyo nombre no haré público por respeto a algunas personas; había frente a mí una pareja sosteniendo lo que parecía una pelea de alto calibre. Ella, con los ojos llenos de lagrimas le expresaba a él lo inconforme que se sentía desde hace algún tiempo con lo que ellos tenían y él mantenía una mirada de niño regañado perdido en la boca (de ella) y por momentos sonriendo a causa de los nervios que invadían cada centímetro de su ser. Yo trataba de disimular mi intromisión pero me resultaba casi imposible pues estaba totalmente identificada con el carácter de esta mujer que en el momento estaba descontrolada. “Es que vos no entendés lo que significa para mí tener que dar mi brazo a torcer en ocasiones como esta siento que en ningún momento cuenta lo que yo quiero decirte; sé perfectamente que vos querés que comenc…

Como quien quiere ser feliz.

-¿Vos te acordás de aquel parque al que íbamos cuando éramos niños? *¿En el que vos te caíste y me culpaste a mí? ¿Cómo olvidarlo? Si por tu culpa me castigaron y no me dejaron salir ese fin de semana con mis amigos a jugar. -Deja los resentimientos, es que te pregunto porque quiero contarte algo que me pasó, no sé si es mi imaginación, pero creo que hoy conocí a un ser mitológico. No me hagas esos  ojos, tenés que escuchar esto, y vas a ver que tengo razón. * A ver, contáme hermanita… ¿Con que conociste a una sirena o a un unicornio? -Sos tonto, te quiero contar porque me enamoré, creo que a primera vista o no sé si a segunda, o a tercera… NO SE *No seas dramática, te escucho, sólo quería enojarte. -Es que mira, yo hoy en la mañana salí a caminar porque me sentía sofocada de estar acá en la casa, y me acordé de ese parque, quise ir a buscar a una anciana que acostumbraba estar sentada allí bordando noche y día. Llegué y resulta que no estaba ella, pero me senté en una banca a ver la gente p…

¿Te acordás de aquel noviembre?

Recuerdo perfectamente el olor de aquellas rosas, esas que adornaban el jardín por donde habíamos dispuesto caminar vos y yo (porque éramos dos y a veces uno) y nunca voy a olvidar que mis ojos se abrieron del tamaño de una pelota de golf cuando te escuché pronunciar: "te amo, porque vos sos mía, porque siempre estás conmigo y sé que nunca te vas a ir."

Entonces, aunque vos no te lo creás, en ese momento quise salir corriendo de allí, y no volver a verte nunca más, porque mil preguntas atacaban mi mente; no tenía ni la menor idea de lo que había hecho mal, de ese error trágico del que me había percatado en ese instante. Es decir, ¿quién te había dicho a vos que yo era una pertenencia tuya?, ¿quién te había dado tanta seguridad de yo iba a estar allí con vos?, ¿quién te dijo esa tontería de que yo nunca me iba a poder ir?
¿Tanta magia salía de mis ojos cuando te veía? Es que no me parecía lógico, no encontraba una razón para todo esto que acontecía con nosotros (porque en ese …