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¿Te acordás de aquel noviembre?

Recuerdo perfectamente el olor de aquellas rosas, esas que adornaban el jardín por donde habíamos dispuesto caminar vos y yo (porque éramos dos y a veces uno) y nunca voy a olvidar que mis ojos se abrieron del tamaño de una pelota de golf cuando te escuché pronunciar: "te amo, porque vos sos mía, porque siempre estás conmigo y sé que nunca te vas a ir."

Entonces, aunque vos no te lo creás, en ese momento quise salir corriendo de allí, y no volver a verte nunca más, porque mil preguntas atacaban mi mente; no tenía ni la menor idea de lo que había hecho mal, de ese error trágico del que me había percatado en ese instante. Es decir, ¿quién te había dicho a vos que yo era una pertenencia tuya?, ¿quién te había dado tanta seguridad de yo iba a estar allí con vos?, ¿quién te dijo esa tontería de que yo nunca me iba a poder ir?
¿Tanta magia salía de mis ojos cuando te veía? Es que no me parecía lógico, no encontraba una razón para todo esto que acontecía con nosotros (porque en ese …

Perdón... no soy buena para vos.

Vos y ella sabían perfectamente que no estaban solos, habían llegado a olvidar que alrededor de sus esqueletos andantes, se encontraba una multitud que controlaba sus movimientos.
" Querida, ¿ y vos sabés que cuando te veo, hay fuegos artificiales?" le dijiste vos a ella, porque según me lo habías dicho ella era todo lo que no habías estado esperando pero extrañamente, te volvió loco en cuestión de cinco segundos.
Pero ella, un ser lleno de misterios (casi como un nuevo planeta lleno de vida) te respondió:
" ¿Cómo esperás que yo crea tus boberías de niño enamorado? Si yo no estoy para cuentos de amor, yo lo que quiero, es encontrar un compañero de viaje, que me regale libros, no zapatos ni lencería. Porque ya muchos antes de vos, me han querido seducir así; y la verdad, es que me canso y los dejo ahí con el corazón roto, y sin ningún tipo de remordimiento, doy media vuelta y sigo mi camino. Vos sos un buen hombre, o eso parecés; pero, no sé si seas un buen compañero."

Ya no lloro

Eras de otro planeta, estaba segura de eso; no había pasado ni un segundo cuando te regalé la primera sonrisa (y eso no era normal en mí); solía ser, en una vida anterior, alguien que hacía daño, que jugaba, que tenía alas sólo para abandonar lo que comenzaba a asustarme. Me asustaste, conquistaste mis emociones, eras dueño de las sonrisas, de los enojos y de los suspiros; definitivamente eras de otro planeta, porque en ningún momento tuve la intención de abandonarte, me quedé ahí algunos días, viendo tus ojos, aprendiendo a ser frágil, teniendo miedo, soñando; y sobre todo, existiendo a tu lado.
Pasaron los inviernos y los veranos (perdí la cuenta de cuántos fueron) y creo que nada de lo que pasaba era normal para mí; había involucrado de todo un poco, había hecho una costumbre dejarte conocer mi lado débil, habías estado ahí en la claridad y en lo oscuro. Me seguías asustando porque te ganabas los "nunca" que había escrito en piedra; te ganabas hasta lo que yo no conocía de…